Ese día llegó cansado a casa, pero muy
emocionado. No fue un día cualquiera. Hubo sol en la mañana, pero frío al
anochecer. En la tarde había caído una ligera llovizna que duró un par de
horas. Sólo faltaba lo que los chalacos llamaban el “veranillo”, una especie de
sol y lluvia al mismo tiempo, incluyendo un arco iris de colores tenues y
tristes. El clima era variado y caprichoso como las mujeres ohianas,
virginianas o simplemente californianas, especialmente aquellas de los años
cincuenta del siglo pasado.